Inicio Opinión EDITORIAL (04-12-2017)

EDITORIAL (04-12-2017)

264
Compartir

El PRI que será encabezado por José Antonio Meade Kuribreña como candidato presidencial ha cambiado, sin duda alguna, pero particularmente en su entramado ideológico y su conveniente pragmatismo para perdurar en el poder.

El priísmo de Pepe Meade hoy está más cerca de la derecha, el modelo neoliberal y el libre mercado, alejado del origen del más genuino priísmo ubicado en el centro de la justicia social, la ideología socialdemócrata y el Estado paternalista y clientelar, al que parece haber renunciado por fuerza de dar cabida a los designios del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

El priísmo de Pepe Meade ha claudicado a la expropiación petrolera, el desarrollo estabilizador y el ejército en los cuárteles, para favorecer la privatización energética, las cifras macroeconómicos y un Estado represor que impone su toma de decisiones e impide la manifestación libre de la protesta social.

El priísmo de Pepe Meade hoy reniega de su militancia pero mantiene las mismas prácticas antidemocráticas, sujetas a facultades metalegales para ungir candidatos, que lo mismo han trabajado para el PAN que para el PRI, con la capacidad de perdurar en un poder público que privilegia los negocios.

El priísmo de Pepe Meade hoy presume las grandes cifras macroeconómicas, la estabilidad financiera y la reputación internacional, mientras polariza aún más las brechas sociales impregnadas de pobreza, marginación y exclusión, en un país donde muy pocos lo tienen todo, y muchos no tienen nada.

El priísmo de Pepe Meade hoy aplaude las reformas del peñismo, que revierten el origen revolucionario de su partido, para privatizar el petróleo, reducir los derechos laborales, amenazar la educación gratuita y agudizar la marginación de quienes menos tienen; como resultado de un cambio ideológico por consolidar a la tecnocracia por encima de la política, el diálogo y la democracia.

El priísmo de Pepe Meade hoy mantiene vigentes el tráfico de influencias, el conflicto de interés y las componendas del poder público como artífices de su permanencia en el poder público, para favorecer los intereses de las minorías: de las élites empresariales, políticas y sociales que mantienen sus privilegios.

El priísmo de Pepe Meade se resiste a combatir la corrupción y la impunidad, el desvío de recursos públicos y el enriquecimiento ilícito, el nepotismo y la riqueza patrimonial de los gobernantes, como síntomas de que los cambios al marco legal sólo han propiciado beneficios para quienes ejercen el poder.

El priísmo de Pepe Meade mantiene vigentes las reglas de un partido renovado en su ideología con el único propósito de conservar el poder, pero incapaz de reinventarse en contra de los lastres de su historia y de su herencia.

El priísmo de Pepe Meade es el mismo que arrastra tanta repulsión social por su abuso de poder, pero que hace del clientelismo electoral su principal estrategia para mantenerse incólume en el ejercicio del poder y en la prevalencia de sus intereses de gobierno, de negocios y de corporativismo.

El priísmo de Pepe Meade hoy nos promete un partido innovador por postular a un no priísta, que decide, actúa, ejecuta, gobierna e impone como un priísta, y augura que va a transformar al país para que todo siga igual.

 

Comentarios

comentarios