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EDITORIAL (02-10-2017)

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La administración de Alfredo del Mazo sigue pasmada ante la emergencia del temblor registrado el pasado 19 de septiembre, apenas cuatro días después de haber asumido el cargo de gobernador, sin que hasta ahora haya podido tomar decisiones sobre los trabajos de reconstrucción -ante el reconocimiento de no contar al momento con un censo preciso-, ni siquiera ha generado anuncios que permitan avizorar las acciones de su mandato que posibiliten establecer sus prioridades, sus líneas de acción o las expectativas de su proyecto político.

Si bien, el temblor cimbró la estructura gubernamental para atender con inmediatez el derrumbe de comunidades enteras, esa condición no parece suficiente para justificar que a la fecha poco se ha distinguido sobre el ascenso del nuevo gobierno, y las nuevas estrategias que se pretenden generar o instaurar para cambiar los paradigmas marcados por el priísta Eruviel Ávila.

De entrada, la insólita integración del gabinete delmacista que reivindicó a su círculo más cercano -borrando de tajo cualquier permanencia de los altos mandos del gobierno eruvielista-, hasta ahora es una condición escasa para desmarcarse de una administración que dejó una irrefrenable delincuencia, una lacerante pobreza, una preocupante violencia de género y un rampante desempleo.

Tan pronto como avanzan los tiempos políticos, Alfredo del Mazo deberá dar cuenta de las acciones de sus primeros 100 días de gobierno, donde difícilmente podrá concentrarse de forma exclusiva en el temblor; y casi de forma inmediata, tendrá la exigencia por delante de presentar el Plan Estatal de Desarrollo. No sólo eso, en un plazo de dos meses deberá atender los informes de los alcaldes, donde definirá en gran medida sus alianzas políticas regionales, y a principios del año entrante, tendrá sobre su escritorio la designación de candidaturas a alcaldías, regidurías, diputaciones y senadurías.

El gabinete delmacista avizora sus propias virtudes, que pretende incidir en la creación de su propio grupo político; sin embargo, al tratarse de colaboradores novatos en la esfera estatal requieren una mayor proyección, que difícilmente podrá lograrse cuando la comunicación política se encamina a la concentración del poder y al protagonismo de poder omnímodo que ejercerá el mandatario en turno: Alfredo del Mazo, y nadie más le hará sombra.

En las primeras dos semanas de su mandato, Del Mazo aparece como único portavoz de las decisiones del gobierno, en una estrategia semejante a la que buscó entronizar la imagen presidencialista de Enrique Peña Nieto en Los Pinos, pero que hoy lo tiene en una aguda desaprobación social, porque su gabinete y su estrategia de comunicación nunca le permitieron destensar los costos políticos de su mandato, y el desgaste natural de todo ejercicio de poder público se concentró en el atlacomulquense.

Ayer, en una visita exprés a Santiago Tianguistenco, Alfredo del Mazo estuvo acompañado de Marcela González Salas y nadie más. Ni siquiera fueron convocados el alcalde Antonio Barrera, ni el diputado local, Diego Moreno Valle, que además es presidente de la legislatura mexiquense. El reflector busca favorecer exclusivamente a Del Mazo, pero el efecto reversible derivado de la tensión social que ha generado las consecuencias del temblor podrían ser tan devastadoras como la emergencia, en agravio del gobernador mexiquense.

Los plazos corren, pero el gobierno delmacista sigue ensimismado por un temblor que ha dejado damnificados a miles de mexiquenses que lo perdieron todo, pero con un severo riesgo de que el gobernador y su círculo puedan extraviar el rumbo, del que hasta el momento no se conocen sus alcances, sus expectativas, sus capacidades y limitaciones para tratar de legitimarse, hasta ahora su principal desafío ante su cerrado y cuestionado triunfo electoral.

 

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